Quemazón
Anteayer (mal comienzo periodístico) me di cuenta que sólo había una persona de la que podía aprender. Me refiero al trabajo, al pequeño círculo de la redacción. A eso me refiero. Y creo que esa terrible (y esperada) revelación me ha hecho más triste. Porque los elegidos eran más. Y tras la tristeza, la rabia por la decepción. Probablemente yo haya decepcionado a otros, nadie está exento de culpa ni victimismo, pero en mi caso laboral pocos pueden afirmarlo. Hay dos bandos: los que hacen el trabajo, con humildad y satisfacción; y los que se lo dejan por hacer y se vanaglorian de lo (poco o nada) que han hecho. De tanto decirlo en voz alta, terminan creyendo que podrían ser beatificados por sobreesfuerzo.
No es cuestión de cantidad, ni de horas. Pero sí de saber estar. Mierda... Que le nieguen a una el gasto de un taxi al salir tras un duro día siendo ya de noche... y que haya otros que cobren una media de 6.000 euros, más o menos, y no sepan estar cuando les corresponde o no den la talla... Me pone enferma corresponderles con mi trabajo al suyo!
"Eso pasa en todas las redacciones" me dice, con resignación, la persona de quien puedo aprender. Tal vez sea esa resignación a la que no me da la gana corresponder.
O llegan las vacaciones ya o reviento. Me hierve la sangre.
No es cuestión de cantidad, ni de horas. Pero sí de saber estar. Mierda... Que le nieguen a una el gasto de un taxi al salir tras un duro día siendo ya de noche... y que haya otros que cobren una media de 6.000 euros, más o menos, y no sepan estar cuando les corresponde o no den la talla... Me pone enferma corresponderles con mi trabajo al suyo!
"Eso pasa en todas las redacciones" me dice, con resignación, la persona de quien puedo aprender. Tal vez sea esa resignación a la que no me da la gana corresponder.
O llegan las vacaciones ya o reviento. Me hierve la sangre.

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